Durante mi infancia, pasaba todos los sábados entre larimar y ámbar, recorriendo los museos de mi familia. Allí observaba a los turistas que, al finalizar sus visitas, anhelaban llevarse a casa un talismán. Buscaban piezas de joyería sencillas que evocaran las musas de nuestra tierra; tal vez un regalo, o quizás una pieza atemporal con la que revivir para siempre el recuerdo mágico de sus noches caribeñas. Así nace esta colección permanente de piezas esenciales: diseños clásicos adaptados a los tiempos modernos. Se trata de joyería contemporánea que trasciende las barreras del tiempo, protagonizada por las piedras preciosas dominicanas más emblemáticas y tallada a mano por talentosos artesanos locales.

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