Lejos del frío del Viejo Continente, el encanto del Caribe se convirtió en una fantasía recurrente: días soleados, aguas cálidas y una República Dominicana idealizada desde la distancia. Me faltaban palabras para expresar lo que anhelaba y, a través de mis relatos, mis amigos en el extranjero imaginaban mi hogar en la isla como un complejo turístico de lujo. Esta colección nace de una idea sencilla, pero distinta y divertida: una escalera que se sumerge en una piscina de aguas turquesas, evocadas por la profundidad del larimar. Esta piedra me transporta a casa y, en momentos de nostalgia, me recuerda que el sol siempre vuelve a brillar. Esta colección permanente pone de manifiesto la magia de unas gemas cautivadoras, convirtiéndose en un icono de mi marca.

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